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noticias del trabajo del Programa Prosperidad

La labor realizada desde mediados de la década por el Programa Prosperidad, ha sido tomada en cuenta por Zona Económica Especial (ZEE) para establecer una Comisión de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en la región norte de Costa Rica.

Programa Prosperidad tuvo la oportunidad de exponer su trabajo en un Foro de ZEE, donde se reúnen funcionarios del sector público y privado, en una actividad en la que otros sectores mostraron sus esfuerzos en el tema de RSE. A partir de dicho encuentro, se conformó un grupo de trabajo para coordinar el tema de RSE en la zona norte, en el marco de la Zona Económica Especial.

De esta forma, Programa Prosperidad integra una Comisión cuya idea es generar un esfuerzo regional por incorporar prácticas RSE en empresas e instituciones del norte de Costa Rica. La Comisión RSE la constituyen también el IMAS, una representante del sector turismo, la Pastoral Social de Ciudad Quesada, la ZEE y un representante de una organización de crédito comunal.

Comisión ZEE-RSE

Programa Prosperidad ha venido trabajando en conjunto con la ONG holandesa Wilde Ganzen y la empresa forestal Ecodirecta para realizar proyectos de Responsabilidad Social. Este trabajo se ha centrado en la mejora de infraestructura de varios centros educativos de los distritos de Cutris y Pocosol en el cantón de San Carlos, así como del distrito de San Jorge del cantón de Los Chiles.

Durante el 2006 y 2007, la unión de estas instituciones, ha generado beneficios en comunidades del norte de Costa Rica. En una primera etapa, las escuelas de Coopevega, Cocobolo y San Joaquín en Cutris fueron mejoradas en distintos proyectos, en los que ha sido vital la colaboración de los vecinos. Asimismo, la escuela Ricardo Vargas, la de Medio Queso y el Colegio Nocturno de Los Chiles recibieron inversión de parte del Programa Prosperidad.

En el 2008 entre las instituciones favorecidas está la escuela de Banderas y San Cristóbal de Pocosol, así como la escuela de El Concho.

Con el inicio del 2009 se anuncia la continuación de varios proyectos para continuar esta exitosa unión entre Programa Prosperidad, Wilde Ganzen y Ecodirecta.

Recientemente, el señor Ricardo Vargas, director del Sistema Nacional de Educación Musical (SINEM), visitó la comunidad de Santa Rosa de Pocosol para valorar la posibilidad de abrir una escuela musical.

El señor Vargas fue recibido por el Programa Prosperidad quien coordinó una reunión con representantes de la Asociación de Desarrollo Integral de Santa Rosa de Pocosol, la Casa de la Cultura y la Escuela de Santa Rosa. En dicha actividad se intercambiaron ideas sobre el SINEM y sobre la disposición de la comunidad de Santa Rosa de iniciar una Escuela de Música en el 2009.

Luego de dicha reunión, se expuso el tema a la Junta Directiva de la Asociación de Desarrollo Integral de Santa Rosa. Sus miembros acordaron dar el apoyo a la iniciativa y aportar el préstamo del Salón Comunal para dar inicio a las clases de la Escuela de Música. Asimismo, la Casa de la Cultura mostró su aprobación por la Escuela de Música y se comprometió a apoyar los esfuerzos de búsqueda de fondos para la primera fase del proyecto.

De momento, el Programa Prosperidad, la Asociación de Desarrollo y la Casa de la Cultura han iniciado la búsqueda de recursos económicos en las empresas de la zona para lograr arrancar con el proyecto para asegurar la inversión del Estado para el 2009.

A continuación una breve explicación del proyecto:

La locura de la mariposa

Apenas asomó sus antenas fuera del capullo, supo que se había enamorado. Jamás nadie hubiera pensado que algo así pudiera suceder. Era un romance muy particular y difícil de comprender para cualquier especialista en el estudio de la naturaleza.

Aquella mariposa supo que había sido él, quien la protegió mientras dormía y soportó lluvia, viento, sol y tempestades, pero no la abandonó.

Lo extraño es que no tenía antenas, mucho menos alas, pero a su lado se sentía la más hermosa de las mariposas.

¿Cómo una mariposa puede enamorarse de un árbol? Pues así sucedió.

Era un fenómeno extraño de la naturaleza, ver cómo la mariposa cada vez que sentía peligro volaba hasta donde le dieran sus fuerzas y aterrizaba en la corteza del árbol. Lo curioso era que el color de sus alas le permitía camuflarse perfectamente de cualquier depredador, con el simple hecho de abrazar al árbol. Los demás insectos se preguntaban si esa mariposa tendría algún problema de identidad, o solo fingía locura, pues pasaba hablando con el árbol y éste, por supuesto, nunca le contestaba una sola palabra, solo calmaba el movimiento de sus ramas y la escuchaba…

Pero la mariposa sabía que el amor a veces es locura, y lo cierto es que a pesar de la diferencia marcada que había entre ella y su amado árbol, nunca nadie la había tratado igual. Ella estaba segura de que él estaría ahí siempre, esperándola al atardecer, con sus ramas abiertas, para protegerla del frío de la noche.

Una tarde la mariposa regresó a buscar a su amado después de una suculenta cena en un jardín de amapolas y ¡sorpresa!, su árbol ya no estaba. En su lugar había hojas y ramas tiradas en el suelo, aserrín adornando todo el espacio y huellas de tractores que complementaban un paisaje desolador que le quitó el color a ese atardecer en especial. Ella no entendía lo que había sucedido, hasta que se acercó y observó parte de las raíces del árbol aún sangrando: se habían llevado a su amado.

Decidió buscarlo. Voló durante horas, días y semanas, recorriendo bosques, caseríos y hasta ciudades. Pero no lo encontró. No supo donde se lo llevaron, ni que hicieron con él.

Rendida, la mariposa sintió que ya no quería seguir buscando. Le habían quitado lo único que le había alegrado la vida después de salir de su capullo. Talvez todo fue una locura sin sentido. Talvez nunca debió amar así a ese árbol. No valía la pena volar más. Sus hermosas alas se posaron en la ventana fría de un edificio. Allí decidió dormir para siempre.

Un coleccionista que pasaba por ahí, observó aquella pequeña y hermosa mariposa sin vida; no resistió la oportunidad de tenerla en sus más finas colecciones y se la llevó a su casa. Allí le construyó un marco de madera con un vidrio y la colocó delicadamente como su fuera un monumento.

Puso el cuadro con la mariposa al lado de una fotografía vieja de sus abuelos cuando se casaron. En algo se parecían ambos cuadros, pero el coleccionista no sabía decir con certeza cual era la semejanza.

Encontraba cierto parecido en el abrazo de sus abuelos, con la mariposa y aquel marco, que por cierto era casi del mismo color de sus alas, ya que talvez por casualidades de este cuento o porque quise que fuera así, la madera con que fue fabricado el marco era la de su amado árbol, aquel que la hacía sentir la más hermosa de las mariposas.

-Nora.

La versión original disponible aquí.