Apenas asomó sus antenas fuera del capullo, supo que se había enamorado. Jamás nadie hubiera pensado que algo así pudiera suceder. Era un romance muy particular y difícil de comprender para cualquier especialista en el estudio de la naturaleza.
Aquella mariposa supo que había sido él, quien la protegió mientras dormía y soportó lluvia, viento, sol y tempestades, pero no la abandonó.
Lo extraño es que no tenía antenas, mucho menos alas, pero a su lado se sentía la más hermosa de las mariposas.
¿Cómo una mariposa puede enamorarse de un árbol? Pues así sucedió.
Era un fenómeno extraño de la naturaleza, ver cómo la mariposa cada vez que sentía peligro volaba hasta donde le dieran sus fuerzas y aterrizaba en la corteza del árbol. Lo curioso era que el color de sus alas le permitía camuflarse perfectamente de cualquier depredador, con el simple hecho de abrazar al árbol. Los demás insectos se preguntaban si esa mariposa tendría algún problema de identidad, o solo fingía locura, pues pasaba hablando con el árbol y éste, por supuesto, nunca le contestaba una sola palabra, solo calmaba el movimiento de sus ramas y la escuchaba…
Pero la mariposa sabía que el amor a veces es locura, y lo cierto es que a pesar de la diferencia marcada que había entre ella y su amado árbol, nunca nadie la había tratado igual. Ella estaba segura de que él estaría ahí siempre, esperándola al atardecer, con sus ramas abiertas, para protegerla del frío de la noche.
Una tarde la mariposa regresó a buscar a su amado después de una suculenta cena en un jardín de amapolas y ¡sorpresa!, su árbol ya no estaba. En su lugar había hojas y ramas tiradas en el suelo, aserrín adornando todo el espacio y huellas de tractores que complementaban un paisaje desolador que le quitó el color a ese atardecer en especial. Ella no entendía lo que había sucedido, hasta que se acercó y observó parte de las raíces del árbol aún sangrando: se habían llevado a su amado.
Decidió buscarlo. Voló durante horas, días y semanas, recorriendo bosques, caseríos y hasta ciudades. Pero no lo encontró. No supo donde se lo llevaron, ni que hicieron con él.
Rendida, la mariposa sintió que ya no quería seguir buscando. Le habían quitado lo único que le había alegrado la vida después de salir de su capullo. Talvez todo fue una locura sin sentido. Talvez nunca debió amar así a ese árbol. No valía la pena volar más. Sus hermosas alas se posaron en la ventana fría de un edificio. Allí decidió dormir para siempre.
Un coleccionista que pasaba por ahí, observó aquella pequeña y hermosa mariposa sin vida; no resistió la oportunidad de tenerla en sus más finas colecciones y se la llevó a su casa. Allí le construyó un marco de madera con un vidrio y la colocó delicadamente como su fuera un monumento.
Puso el cuadro con la mariposa al lado de una fotografía vieja de sus abuelos cuando se casaron. En algo se parecían ambos cuadros, pero el coleccionista no sabía decir con certeza cual era la semejanza.
Encontraba cierto parecido en el abrazo de sus abuelos, con la mariposa y aquel marco, que por cierto era casi del mismo color de sus alas, ya que talvez por casualidades de este cuento o porque quise que fuera así, la madera con que fue fabricado el marco era la de su amado árbol, aquel que la hacía sentir la más hermosa de las mariposas.
-Nora.
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